viernes, 9 de agosto de 2013

Dónde Fueron Las Cartas De Amor...





No soy ese príncipe azul que soñabas, quizás no seré nunca el sapo que beses, no podré nunca ponerte un castillo, ni recibiré de ti una mirada llena de amor. 

Sin embargo, tampoco te prometo la Luna, ni el Sol, ni las estrellas... por que no las necesitas, tu brillas más que todo eso junto. No te prometo un reino por que ya eres reina de mi mundo el cual intentare hacértelo infinito...  Prometo no dejarte caer en la rutina, inventar lo inimaginable para conseguir tu sonrisa, charlas hasta el amanecer y hacerte el amor hasta que anochezca. Te escucharé cuando quieras hablar, te abrazaré cuando llores y te animaré cuando tu ánimo no te acompañe. En definitiva, no te dejare caminar sola, cuando sola no quieras estar, seré paciente con tus rarezas como lo estoy siendo con tus sentimientos.


Y todo esto es por ti por esa mirada que llena mi alma, por esa sonrisa que hace brincar mi corazón, desde la primera tarde. Esa charla que mantuvimos que yo no quería que acabara nunca, esas miradas que por momentos me parecieron cómplices, el que mi corazón se acelerara creyendo en la posibilidad de besarte, ese roce... Tus manos que jugaban con tu pelo y a mi me distraían de mi mismo y cuanto las envidiaba pues era yo quien quería jugar con tu pelo. Y a tu pelo lo envidiaba, porque quería entrelazar mis manos con tus dedos. Imagino a que debe saber tu piel, ahora dorada por el sol, que le da esa tonalidad canela. Ni me atrevo a pensar que se debe sentir despertar a tu lado, ser tu lo primero que vea en la mañana... Desde aquella tarde, cada suspiro que nace en mi, lleva tu nombre impreso, mi último susurro en la noche, mi primer pensamiento en la mañana.


Busco un pretexto para llamar tu atención para acercarme a ti pero para mi desgracia, tu has puesto entre nosotros ese abismo insalvable que llamas amistad... Amistad, maldita condena para quien ama y no es correspondido. Mantendré mi esperanza hasta el fatídico día que te vea feliz en otros brazos, que alguien ilumine tus ojos y apague mi alma...




Colaboración de Cristobal Pérez